miércoles, 30 de junio de 2010

Un año después

Casi un año después, continuo con mi blog. Para contar(me) no sé qué, tal vez para desahogarme...

Casi más que nunca, una sensación de caos e incertidumbre, como una marea sucia, invade mi vida. Debo darle un sentido a cada día, a cada mañana... pero no lo tiene, o al menos yo no se lo veo por ningún lado.

En ocasiones, ciertas tareas necesarias me ayudan un poco. Por ejemplo, si he de devolver un libro en la biblioteca, una película en el videoclub o he de mandar un paquete por Correos. Me sirve de excusa para darle un cierto guión a esa mañana. Fuera de eso, todo es un lento transcurrir de los minutos, disueltos en mil tareas inútiles, cuya única razón de existir es ir liquidando el día poco a poco: siesta desmesurada, visita a la nevera, reciclaje de papel, cojo un libro, toco la guitarra, nueva visita a la nevera, un paseo por la playa...

Al mismo tiempo, creo advertir que he fracasado bastante en eso que podemos llamar relaciones humanas. Pienso que si he llamado a varias puertas y casi nunca he obtenido respuesta, es probable que el problema esté en mi y no en las puertas. Es decir, hay algo en mí que, de algún modo, mueve a rechazo. Pero no deja de ser una hipótesis. ¿Y si cojo un bulldozer y derribo las puertas?

Ya es tarde, son casi las doce y media de la noche. Me entrego al sueño con confianza e ilusión, como quien viaja a un país libre de aduanas y temores. Un lugar donde sí me siento fuerte, donde sí puedo ser yo, donde no me siento castigado por delitos cuya naturaleza ni siquiera comprendo.

Bueno, eso es todo por hoy. Creo que volveré mañana (si me acuerdo).

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